Es sábado por la mañana y me encuentro tumbado en la cama con una reverenda resaca producto de las cuatro botellas (de tres litros cada una) de trago corto (que más parecía alcohol de hospital) después de la pichanga. Mi cuerpo no ha soportado la tranca del fin de semana y ha caído abatido, extenuado, destrozado presa de un dolor general en todo el cuerpo, la cabeza me esta por explotar y me duele hasta el pelo. Es toda una tortura. Juro no volver a tomar nunca más (al menos por esta semana).












