Spiga

Una noche de disco, sexo y mentiras

Llego al Asia, son las once, es un sábado en la noche, me acompaña Manolo, un amigo de la chamba. Previamente habíamos tomado un poquitín, yo suelo ponerme tímido cuando bebo alcohol, en realidad más tímido de lo que normalmente soy, solo me limito a observar a las chicas bonitas del lugar mientras Manolo las gilea con piropos y miradas mañosonas, a mi solo me gusta mirar, escuchar, prefiero no hablar, me quedo mudo, es que soy un borracho tonto, evito hablar para no sentirme luego como un idiota después de haber dicho alguna estupidez.

Cómo me duele quererte

Es sábado por la mañana y me encuentro tumbado en la cama con una reverenda resaca producto de las cuatro botellas (de tres litros cada una) de trago corto (que más parecía alcohol de hospital) después de la pichanga. Mi cuerpo no ha soportado la tranca del fin de semana y ha caído abatido, extenuado, destrozado presa de un dolor general en todo el cuerpo, la cabeza me esta por explotar y me duele hasta el pelo. Es toda una tortura. Juro no volver a tomar nunca más (al menos por esta semana).

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